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El qué y el cómo

Muchas de las cosas que hacemos, las podríamos catalogar de proyecto. Desde comprar una camisa para una fiesta que tenemos al día siguiente, como en nuestro ámbito laboral aquello que nos encargan como proyecto en sí. Y en muchas ocasiones cometemos el error de lanzarnos a hacerlas sin pensar, porque ya lo hemos hecho muchas veces, o porque nos parece muy fácil. Y no, no se trata de que para comprar una camisa nos hagamos un Project secuenciando tareas, poniéndoles fechas, responsables, etc.

Pero siempre deberíamos reservar algo de tiempo en esas actividades para el análisis. A pensar, vamos. Y dentro de ese pensar hay dos fases, pensar en el qué y pensar en el cómo. Por ese orden además.

  • En cuanto al qué, en el ejemplo de la camisa hay que definir cuál es el objetivo: Poder llevar al día siguiente una camisa que me siente bien, que ‘me pegue’ con el resto de la ropa que voy a llevar y que haga que me sienta a gusto en esa fiesta. Fácil, pero con eso ya estamos definiendo, el color, la talla, el corte, la tela, etc. de la camisa.
  • Y una vez que sabemos qué es lo que tenemos que conseguir, toca definir el cómo, siempre basándonos en el qué. Deberemos pensar en primer lugar cómo conseguir esos datos que definen el qué, y después cómo llegar a conseguir llevar esa camisa en las condiciones que hemos definido. Desde cómo saber qué talla es la adecuada para nosotros, hasta cómo y cuándo debemos plancharla antes de ir a la fiesta. Por el medio quedará el dónde conseguirla y otras muchas cosas que nos parecen obvias.

En la vida real, nos lanzaremos de tiendas a ver que encontramos. Y una vez comprado algo, veremos si nos acordamos de haber reservado tiempo de lavarla si procede, o plancharla. Y como lo hemos hecho muchas veces, saldremos airosos. Pero airosos no es casi nunca bien.

Evidentemente lo anterior es una exageración, si llevamos a ese extremo todas nuestras actividades diarias, nos habrían catalogado con alguna enfermedad psiquiátrica. Pero también es cierto que si hemos dedicado tiempo a pensar bien qué queremos y cómo conseguirlo, tendremos más posibilidades de éxito.

En un reciente curso de gestión de proyectos, nos decían que para reflotar un determinado barco (no me iba a quedar con todos los datos exactos) se habían dedicado meses al análisis y horas a la ejecución.

Cada caso es diferente, pero en todos los casos, un tiempo adecuado de pensar, incrementa las posibilidades de éxito en la ejecución.

Y en ese pensar, tenemos que fijarnos en lo que se debería hacer, no en lo que siempre se hace

Esta forma de pensar nos llevará al objetivo, seguramente de una forma más sencilla, y además dará más valor a lo que estamos haciendo. En ocasiones fijarse en lo que se hace, o hacen otros, puede llevarnos al error, ya que posiblemente nos desvíe del objetivo real y se alcance un objetivo parecido. Pero tampoco es lo mismo.

Y siempre el cómo después del qué. Parece obvio, pero como he dicho antes, tendemos a ir de tiendas a ver qué camisa encuentro, y acabamos llegando a casa, mirando a ver si tenemos una chaqueta a juego, y cambiando de idea respecto a los pantalones. Simplista, pero aplicado a los proyectos laborales podemos imaginar el esfuerzo en tiempo, y coste que puede suponer tener que adaptar todo lo que ya estaba establecido y que a menudo forman parte de los requerimientos.

Para resumir y por ser concretos en lo que nos interesa, en los proyectos laborales deberíamos valorar:

  • La importancia de reservar tiempo adecuado al análisis.
  • El análisis debe definir el qué y el cómo.
  • El qué debe ir antes del cómo.
  • La premisa debe ser qué y cómo debería hacerse, no qué y cómo se hace hasta ahora.
  • El cómo (los procesos) deben ir enfocados no solo al qué (resultado) final, sino también a los qué (datos o paquetes de trabajo) intermedios.
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