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Desde hace años venimos escuchando y empleando este término, pero ¿realmente conocemos su significado y alcance?

Tendríamos que remontarnos décadas atrás para entender cómo han evolucionado los sistemas de información hasta el día de hoy y cómo el concepto de DevOps apareció de forma natural.

Al igual que en otra industria, la producción de software no es una tarea aislada y múltiples departamentos se ven implicados en la obtención de un producto.

Tradicionalmente, la creación y entrega de un software siempre se ha delimitado, grosso modo, a las tareas que debe realizar el departamento de desarrollo y, por otra parte, a las del departamento de operaciones. El uno analizaba y programaba, el otro facilitaba la infraestructura y desplegaba.

A lo largo de nuestras carreras profesionales, más de uno hemos tenido que lidiar justo en la frontera entre ambos: solucionar incidencias, negociar despliegues, depurar responsabilidades y seguir rígidos procesos que, en ocasiones, terminaban dañando el valor que debería aportar el producto que el equipo había creado. Pero también erosionando al propio equipo.

Aquí es donde el término DevOps viene a resaltar, conciliar y vertebrar esos conceptos: equipo, proceso, producto y, sobre todo, valor.

Y es que DevOps no es una moda…

Tampoco ha de entenderse como la creación de un equipo de élite o un departamento aislado. No se trata de usar determinado software o de seguir una metodología como verdad absoluta.

DevOps es todo un cambio cultural que debe crecer desde dentro de cada compañía, donde las personas, los procesos y las herramientas deben unirse para conseguir un potencial mayor que la suma de las partes.

Sobra decir que el factor tecnológico es crucial para acelerar los desarrollos, garantizar despliegues fiables y monitorizar todos los procesos para asegurar la calidad del producto. En este sentido, DevOps es muy flexible. De ahí que se disponga de un amplio abanico de alternativas para abordar cada problema.

El universo de software disponible – y necesidades que cubren – queda fuera del alcance de este artículo. Son los equipos quienes deben decidir, en base a las buenas prácticas propuestas y a su propia experiencia, cuál será el mejor ecosistema tecnológico para conseguir sus objetivos.

Sin quitar valor a esas fantásticas herramientas que hacen posible que todo funcione de forma más eficaz y extremadamente eficiente, lo verdaderamente disruptivo en DevOps es el énfasis en creer en las personas y establecer una verdadera comunicación entre ellas. Derribar los silos donde se parapetan los departamentos y equipos de trabajo y abrazar una comunicación multidireccional. Dejar atrás la cultura del miedo, donde en el postmortem se buscaban culpables y no se aprendía de los errores.

En definitiva, creer que las personas son parte de la solución y no del problema. Que cuando un error humano ocurre es un síntoma de que algo no funciona en el sistema y que debe ser corregido.

El buen funcionamiento de equipos y organizaciones mediante una fluida comunicación, el uso de las herramientas adecuadas para desarrollar su trabajo y la mejora continua es lo que DevOps nos propone. Y esto sólo puede derivar en la obtención de valor, tanto para la compañía como para nuestros clientes. Que no es poco.

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