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La movilidad en las ciudades y áreas metropolitanas requiere cada vez de más actuaciones decisivas en favor de una movilidad sostenible de acuerdo con las directrices europeas.

Estas actuaciones, en un entorno tan complejo como es el de las áreas urbanas, debe basarse en una amplia toma de datos que fundamenten la toma decisiones. ¿Cuántas veces hemos visto fracasar un proyecto, una autovía infrautilizada o un sistema de bicicleta pública casi abandonado? Si se hubiesen acompañados estos proyectos de estudios exhaustivos donde se recogiesen una gran cantidad de datos de calidad, seguro que se podrían haber defendido y fundamentados mejor.

Son, pues, un instrumento en los procesos de participación ciudadana y concertación muy relevantes en los planes de movilidad urbana sostenibles. Del mismo modo que ocurre en cada proceso de negocio de un impacto relevante, los datos y la óptima gestión de los mismos toman una importancia capital.

Conocer las necesidades de movilidad y desplazamientos de los ciudadanos, así como los motivos y costes relacionados ayudaría a realizar planificaciones más acertadas y a tomar decisiones más útiles para la ciudadanía. Nuestros impuestos no se malgastarían en infraestructuras poco útiles ni en servicios de baja demanda, sino que cada euro se invertiría en necesidades reales y demandadas por los ciudadanos.

No obstante, conocer u obtener esta información es todo un reto para los gestores de las empresas del sector, así como para las administraciones públicas pues la movilidad es dinámica, cambiante minuto a minuto, depende del día de la semana, del mes e incluso de la hora del día. Pero afortunadamente, una gran parte de la movilidad, sus características y necesidades, es ‘estable’, se repite en el tiempo y puede ser detectada, modelada y se puede predecir. Por supuesto existe otra parte de la movilidad que podríamos clasificar como aleatoria o caprichosa difícilmente predecible pero que lógicamente no representa un volumen relevante.

Para estructurar todos estos procesos que sustenten tan estratégicas tomas de decisiones, tradicionalmente se han venido realizando amplias campañas de trabajo de campo, y una gran parte de las misma se basa en encuestas donde un encuestador, previamente formado y equipado, realiza una encuesta de 15 o 20 minutos a todos los ciudadanos de una muestra previamente seleccionada.

En Europa, hasta hace unos años, estos procesos se basaban en encuestas domiciliarias o a pie de calle, presenciales, modelo que prácticamente se han abandonado sustituyéndose en la actualidad por encuestas telefónicas, si bien siguen teniendo una serie de problemas:

  • El precio y, como consecuencia, la muestra reducida.
  • Cada vez hay menos hogares con teléfono fijo y las bases de datos de móviles no son tan sencillas de manejar.
  • El dato depende más del hogar que del individuo.
  • Sólo aporta información, en general, de un día laborable tipo o medio.

Hoy en día, gracias a los avances de las nuevas tecnologías, la capacidad de cómputo, el Internet de las Cosas, los dispositivos móviles, las técnicas de Big Data así como la Minería de Datos y la Inteligencia Artificial en general, se nos presentan nuevas alternativas para afrontar los siguientes retos principales:

  • Resolver el problema de la captura de información útil para la movilidad, lo que mejoraría y facilitaría los procesos de toma de decisión y de desarrollo de soluciones en aras de una movilidad sostenible.
  • Disponer de una herramienta que permita cambiar la forma de captura de datos para estudiar la demanda de movilidad y desarrollar planes de transporte.
  • Disponer de una herramienta que, a coste competitivo, aporte información de una muestra mayor (más representativa) de ciudadanos, para cada hora, día, mes, perfil de usuario, etc. que permita disponer de todas las fotografías de la situación actual de la movilidad, seleccionando la más adecuada para el proyecto o estudio correspondiente.

 

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