LinkedIn Google+

Somos cómodos por naturaleza…

En nuestra vida personal y en la profesional. Buscamos siempre nuestra zona de confort, aquellas tareas que gestionemos con solvencia y que no nos suponga un reto que, de salir mal, creamos que puede ponernos en un compromiso.

Aparcamos con ello gran parte de nuestro crecimiento, y no solo eso, aparcamos la satisfacción que proporciona conseguir algo nuevo, aportarnos a nosotros mismos otra actividad, competencia o habilidad que considerábamos lejana o fuera de nuestro alcance. Además de la satisfacción principal de sabernos capaces de superar dificultades.

En nuestra vida profesional, esta comodidad puede llevar a la rutina, y al estancamiento en el trabajo. Incluso en determinadas grandes empresas es contraproducente, ya que en ocasiones nuestro puesto, ese que llevamos con comodidad, que dominamos y en el que sabemos en todo momento lo que hay que hacer, está previsto que sea ocupado por otra persona en el marco de un plan de carrera. Y si nos aferramos a esa zona de confort, es muy posible que podamos perder nuestra posición, o podemos ahogarnos en el miedo de desempeñar otro trabajo.

Las empresas, y sobre todo aquellas que merecen la pena, no nos contratan solo por cubrir una necesidad y para que realicemos un determinado trabajo, sino por el potencial que creen que podemos alcanzar. Pero no lo alcanzaremos si no nos superamos, y no nos superaremos si nos conformamos con lo cómodo.

Salir de la comodidad

Posiblemente consideremos muy difícil salir de esa comodidad en los retos profesionales, demasiado riesgo, demasiado estrés… Pero ¿y si comenzamos por nuestra vida personal, con pequeños retos que nos den cierta confianza en esa zona fuera del confort? Crear un hábito, hasta sentirnos cómodos con los desafíos. Paradójicamente nuestra zona de confort será más amplia si nos forzamos a que esa sensación de incomodidad sea habitual, generando confianza, hasta que asumir responsabilidades y retos que antes veíamos imposibles o molestos formen parte también de la zona de confort.

En diversos textos que tratan este tema, podemos encontrar estrategias y pequeños retos que reconozcamos ‘incómodos’ y que por mínimos que parezcan, producirán satisfacción y crearán el hábito que nos permitirá ir a por retos mayores y llevarlo poco a poco al ámbito profesional.

Por ejemplo, algunas rutinas de nuestra vida diaria que a veces evitamos:

  • No huir de hablar con desconocidos, ya sea en reuniones, en la calle, en el bar…
  • Cambiar el camino habitual a lugares que frecuentemos, buscando el camino óptimo.
  • Apuntarse a alguna actividad que no controlemos: baile, teatro…
  • Quejarse cuando creamos que debe hacerse, no evitar el conflicto. Decir NO cuando así lo sintamos.
  • Hablar/presentar en público. O hablar en inglés en una reunión.
  • Tomar decisiones o proponer ideas a los demás, sin dejar siempre a los demás la decisión.

Analicemos nuestros propios miedos e incomodidades y marquémonos esos mini-retos. Superémoslos. Vayamos a por más. Nos sentiremos mejores y seremos mejores.

Artículo anterior

RESPONSABILIDADES DE UNA PMO

Artículo siguiente

ANÁLISIS DE RIESGOS Y SISTEMAS DE GESTIÓN DE SEGURIDAD DE LA INFORMACIÓN (2/2)

1 Comentario

  1. Alfredo García Hernández-Díaz
    29 Marzo 2017 en 21:48 — Responder

    Genial Cisco. Gracias por tan excelente reflexión. Cuesta salir de la zona de confort pero, sin duda, merece la pena intentarlo.

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *